Gustavo Martín de la Morena, agricultor de Fuente El Saz de Jarama, fue uno de los recientes protagonistas del programa AGROMAD para hablar sobre la campaña del cereal, las dificultades generadas por los aumentos de los costes y el problema de la rentabilidad. Martín relata a la perfección, de forma sencilla y muy pedagógica para los profanos en la materia, los inmensos impedimentos que les lastran en el día a día en gran parte debido a una extraña mezcla de estancamiento de los precios e incremento de los costes. “Lo veo tan feo que no quiero que mis hijos se dediquen a esto ni por asomo”, concluía.
Cuestionado sobre las previsiones de la actual cosecha, Martín de la Morena indicaba: “Las previsiones son muy desiguales. En las zonas buenas, evidentemente, hay una buena producción y, de hecho, una producción tirando a bastante alta. Para esa desigualdad sobre todo influye mucho que las siembras hayan sido tempranas: todo lo que se sembró a mediados y finales de octubre o principios de noviembre tiene un buen peso específico y una producción grande. Pero a todo lo que se sembró después le vino super cerca todo el agua del invierno. Y ha sido un invierno de muchísima lluvia donde, por ejemplo, no pudimos entrar a abonar en el momento en el que correspondía”.
“Nosotros hemos pasado de producciones altísimas, por ejemplo hemos estado cosechando cebadas que rondarán los cinco o los seis mil kilos por hectárea, a producciones bajísimas de apenas 2.000 kilos por hectárea que, bueno, hace unos años podría ser una producción relativamente aceptable, pero con los costes de producción que tenemos ahora te abocan a pérdidas con esa cantidad. Y vamos, con 3.000 y con casi 4.000 también se estaría en esta tesitura”, prosigue.
Los costes y los precios. Un contexto complejo. “Yo he notado una barbaridad la subida de precios de todo. Una de las principales causas ha sido el precio de los combustibles, claro. Pero los fertilizantes, los herbicidas, los fungicidas… están carísimos. La maquinaria también ha subido una barbaridad, con lo cual todas las amortizaciones que tienes pendientes de las compras e inversiones hacen que ese umbral mínimo en el cual empiezas a ganar dinero se aleje y que la producción que tengas sea, en este sentido, una producción irreal. En mi zona por desgracia es imposible que tenga yo tenga una media de 5.000 kilos de producción. Imposible. Y mi zona no es especialmente mala. Ya no te hablo de zonas donde tienen 2.500 o 3.000 kilos de producción, que hace unos años sí podría ser rentable. Pero ahora no. Es inviable”.
La realidad es dura y Martín lo explica a la perfección: “Ahora mismo una explotación de cereal en la Comunidad de Madrid está abocada a pérdidas desde el primer minuto y la única duda es cuántas pérdidas vas a tener. El hecho de tener más hectáreas no es una garantía. Nuestra explotación es relativamente grande, sembramos prácticamente 1.000 hectáreas, y lo único que sé es que si tuviera 2.000 tendría más pérdidas. ¿Por qué? porque no iba a reducir el coste de producción lo suficiente para que el cultivo sea rentable, principalmente por el coste de gasoil, herbicidas, etcétera y, por supuesto, por el precio ridículo que tiene el cereal. El precio prácticamente es el mismo que el año que yo nací, hace ya 50 años. La cebada está baratísima, el trigo está baratísimo, la avena, que además esta es una zona donde se siembra mucha avena, es que ronda los 15 céntimos. A ese precio por kilo necesito 15.000 kilos de avena para que sea algo rentable…. Es inviable, no tienes posibilidad de hacer nada, ni con tecnificación ni con mejoras ni con inversiones… Con nada. De hecho, es al revés; es tan poco rentable que estamos abocados a no poder invertir porque, sencillamente, es imposible. Cuando sabes que vas a tener pérdidas evidentemente no vas a invertir nada o, de hacerlo, vas a hacer lo mínimo”.
Cuestionado sobre su última gran cosecha, Martín aporta una respuesta sorprendente y clarificatoria: “El año pasado tuvimos la mayor producción de siempre y fue una de las peores en cuanto a rentabilidad por el bajísimo precio del cereal y la subida de los costes. Las anteriores fueron todas malas. La del COVID por ejemplo fue buena: los combustibles estaban baratos y los precios, altos”.
“La solución a esta situación es muy complicada. Se estima que el coste es inasumible para el consumidor si el cereal ronda los 300 euros por tonelada, y nosotros si no ronda esos 300 euros estamos abocados a pérdidas. Por otro lado las ayudas no se han hecho efectivas, o sea, hemos solicitado la devolución del impuesto de hidrocarburos y esa ayuda de momento no se ha pagado; tampoco la ayuda ridícula de 22 euros, que mal no viene, pero es pequeña… Es complicado”, prosigue. “Uno de mis mejores amigos, con una explotación de casi 500 hectáreas, lo deja: no le salen las cuentas y este será el último año que siembra. El año pasado ya lo dejó otro conocido mío de un pueblo de aquí al lado por idénticos motivos. Y con otra explotación relativamente grande. Muchas explotaciones de estas no las coge nadie”.



